MI NUEVA NOVELA

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Una mezla de novela negra y elementos sobrenaturales que no te dejará indiferente. ¡No te la pierdas!

lunes, 28 de octubre de 2013

Tercera meditación metafísica de Descartes (RESUMEN AMPLIADO)

Meditación tercera.
De Dios, que existe.

“Cerraré ahora los ojos, me taparé los oídos, suspenderé mis sentidos; hasta borraré de mi pensamiento toda imagen de las cosas corpóreas, o, al menos, como eso es casi imposible, las reputaré vanas y falsas; de este modo, en coloquio sólo conmigo y examinando mis adentros, procuraré ir conociéndome mejor y hacerme más familiar a mí propio. Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere, y que también imagina y siente, pues, como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda.” Esto es todo lo que él tiene por cierto, al menos hasta ahora.

Establece como criterio de verdad la claridad y la distinción: todas las cosas que concebimos de forma clara y distinta son verdaderas. Algunas cosas que percibía por medio de los sentidos le parecían ciertas, pero ahora las ha reconocido como dudosas e inciertas. Lo que en ellas concebía como claro y distinto es que se le presentaban a su espíritu. Y en eso se engañaba o su juicio no era verdadero, al menos en virtud de un conocimiento que tuviera.

Luego se dedica a pensar si hay un Dios o no lo hay, y si es engañador o no. “Ciertamente, supuesto que no tengo razón alguna para creer que haya algún Dios engañador, y que no he considerado aún ninguna de las que prueban que hay un Dios, los motivos de duda que sólo dependen de dicha opinión son muy ligeros y, por así decirlo, metafísicos. Mas a fin de poder suprimirlos del todo, debo examinar si hay Dios, en cuanto se me presente la ocasión, y, si resulta haberlo, debo también examinar si puede ser engañador; pues, sin conocer esas dos verdades, no veo cómo voy a poder alcanzar certeza de cosa alguna.”

Las ideas no pueden ser falsas en sí mismas; “pues imagine yo una cabra o una quimera, tan verdad es que imagino la una como la otra.” Hay tres clases de ideas: las que parecen innatas, las que parecen ajenas (venidas de fuera), y las que parecen inventadas por uno mismo. “Pues tener la facultad de concebir lo que es en general una cosa, o una verdad, o un pensamiento, me parece proceder únicamente de mi propia naturaleza; pero si oigo ahora un ruido, si veo el sol, si siento calor, he juzgado hasta el presente que esos sentimientos procedían de ciertas cosas existentes fuera de mí; y, por último, me parece que las sirenas, los hipogrifos y otras quimeras de ese género, son ficciones e invenciones de mi espíritu.”

La tarea que le ocupará ahora, será considerar respecto de las ideas que parecen provenir de ciertos objetos que están fuera de él, qué razones le fuerzan a creer tales ideas como semejantes a esos objetos. “La primera de esas razones es que parece enseñármelo la naturaleza; y la segunda, que experimento en mí mismo que tales ideas no dependen de mi voluntad, pues a menudo se me presentan a pesar mío.”
Pero esas ideas que vienen de fuera no son fiables, pues puedo tener dos ideas distintas de una misma cosa. Por ejemplo del Sol, se tiene la idea de que es pequeño cuando se observa, y la idea de que es grande cuando se atiende a las pruebas que da la física de ello. Pero ambas ideas no pueden ser semejantes a la cosa.

“La idea por la que concibo un Dios supremo, eterno, infinito, inmutable, omnisciente, omnipotente y creador universal de todas las cosas que están fuera de él, esa idea, digo ciertamente, tiene en sí más realidad objetiva que las que me representan substancias finitas... Ahora bien, es cosa manifiesta, en virtud de la luz natural, que debe haber por lo menos tanta realidad en la causa eficiente y total como en su efecto: pues ¿de dónde puede sacar el efecto su realidad, si no es de la causa? ¿Y cómo podría esa causa comunicársela, si no la tuviera ella misma?... Y de ahí se sigue, no sólo que la nada no podría producir cosa alguna, sino que lo más perfecto, es decir, lo que contiene más realidad, no puede provenir de lo menos perfecto... Para que una idea contenga tal realidad objetiva más bien que tal otra, debe haberla recibido, sin duda, de alguna causa, en la cual haya tanta realidad formal, por lo menos, cuanta realidad objetiva contiene la idea.” De aquí saca la conclusión de que si la realidad objetiva de una idea suya es tal que pueda saber con claridad que no está en él ni formal ni eminentemente, entonces es que no está solo en el mundo, y que existe otra cosa que es causa de esa idea.

Entre sus ideas además de la que lo representa a él mismo hay una idea de Dios, y otras cosas corpóreas e inanimadas. Pero las ideas de otros hombres, animales o ángeles, podrían haberse formado por la mezcla de las ideas de las cosas corpóreas y de Dios. “Por Dios entiendo una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen (si es que existe alguna).” Pero una idea tal no puede proceder de él, “y, por consiguiente, hay que concluir necesariamente, según lo antedicho, que Dios existe. Pues, aunque yo tenga la idea de substancia en virtud de ser yo una substancia, no podría tener la idea de una substancia infinita, siendo yo finito, si no la hubiera puesto en mí una substancia que verdaderamente fuese infinita.”

Se pregunta si podría existir en caso de que Dios no existiera y de quién habría recibido su existencia. Solo cabría que fuera de él mismo, pero si así fuese, entonces no dudaría de nada, nada desearía, y ninguna perfección le faltaría pues no se habría privado de nada. Y no puede pensar que no ha sido creado y que ha sido siempre como es ahora, porque “de haber yo existido un poco antes no se sigue que deba existir ahora, a no ser que en este mismo momento alguna causa me produzca y me cree de nuevo, es decir, me conserve” pues es necesaria la misma fuerza y actividad para conservar algo que para crearlo. Y como él no tiene poder de conservarse, no ha podido crearse, por lo que ha sido creado por otro.

Dice que la idea de Dios no la ha adquirido por los sentidos, ni es ficticia, por lo que es innata, ha nacido con él, al igual que la idea de sí mismo.

Dios existe y es  perfecto, “por lo que es evidente que no puede ser engañador, puesto que la luz natural nos enseña que el engaño depende de algún defecto.”

-Objeciones y respuestas a esta meditación.

-Objeciones de Hobbes.

No tenemos ninguna idea de Dios porque no tenemos ninguna imagen de él, a no ser que nos parezca concebir lo inconcebible, pues Dios es infinito y nosotros somos finitos, y lo finito no puede concebir lo infinito. Pero “ el hombre, viendo que debe haber alguna causa de sus imágenes o ideas, y otra causa de esa causa, y así sucesivamente, llega por último a un fin, o sea, a una suposición de que existe alguna causa eterna, la cual, pues no ha comenzado nunca a ser, no puede tener otra causa anterior; y de ahí concluye necesariamente que hay un ser eterno que existe, sin que, con todo, tenga idea alguna que pueda decir que es la de ese ser eterno, pero designa con el nombre de Dios a esa cosa de que la fe o la razón le persuade… Pues bien: como el señor Descartes ha partido de esa suposición- a saber: de que tenemos en nosotros la idea de Dios- para probar el teorema de que Dios existe, debió explicar mejor esa idea de Dios, y concluir de ella no sólo su existencia, sino también la creación del mundo.”

-Respuesta de Descartes a Hobbes.

Dice que Hobbes sólo entiende idea como la imagen de las cosas materiales pintadas en la fantasía corpórea, pero que él llama idea a todo lo que el espíritu concibe de un modo inmediato, así, si desea como a la vez concibe que desea, ese desear también lo considera como una idea. Además dice que no viene a cuento lo que añade de la creación del mundo puesto que: “he probado que Dios existe antes de examinar si existe un mundo creado por él; y por sólo existir Dios, se sigue que, si hay un mundo, debe haber sido creado por él.”

-Objeciones de Gassendi.

Dice que por el mero hecho de que la primera certeza a la que llega la conozca de forma clara y distinta, no tiene suficientes motivos para decir que el criterio de verdad es la claridad y distinción. Una regla así puede ser falsa, porque por ejemplo si el sabor del melón le aparece como clara y distintamente agradable, puede decir que es verdad que se le aparece así, pero no que el sabor del melón sea realmente así pues en su juventud no le agradaba, y le era claro y distinto que no le agradaba.

Dice que parece que todas las ideas vienen de fuera, y proceden de las cosas exteriores al entendimiento y perceptibles por los sentidos. El espíritu puede recibirlas de forma clara y distinta, y también unirlas y separarlas, formando las ideas ficticias. En cuanto a las ideas que Descartes llama innatas, no cree que haya ninguna, todas tienen un origen adventicio.

No se puede tener ideas claras sobre un substancia, sino sólo sobre sus accidentes. De manera que no se puede poseer la realidad objetiva de la substancia, ni tener una verdadera idea de ella.

Cuando Descartes dice que hay más realidad objetiva en la idea de un Dios infinito que en la de una cosa finita, se equivoca. El espíritu humano es incapaz de concebir la infinitud y no puede tener una idea que represente una cosa infinita. Y por tanto quien dice cosa infinita atribuye a algo que no comprende un nombre que tampoco comprende, puesto que esa cosa se extiende más allá de cuánto él puede abarcar.

Cuando Descartes dice que si hay alguna idea cuya realidad objetiva no pueda estar contenida en él, se sigue necesariamente que no está sólo en el mundo; Gassendi dice que este razonamiento no sirve porque él no es la causa de la realidad de las ideas, sino que lo son las cosas mismas representadas por ellas, en tanto que dichas cosas le envían sus imágenes como si fuera un espejo, aunque ello ocasione que, a veces, se figure quimeras.

Gassendi dice esto a Descartes: “Decís que las cosas que concebís acerca de Dios son tales, que no pueden proceder de vos mismo, para inferir de ello que han tenido que proceder de Dios. Nada más cierto, desde luego, que no proceden de vos mismo, y que no habéis llegado a entenderlas por vuestros solos medios. Pues, además de los objetos exteriores, sus ideas han partido, y vos las habéis aprendido, de vuestros padres, de vuestros maestros, de los discursos de los sabios, y de las conversaciones que habéis tenido con otras personas. Acaso me respondáis: soy tan sólo un espíritu, y no sé si hay nada fuera de mí en el mundo; hasta dudo de si tengo oídos para escuchar cosa alguna, y no sé si hay hombres con los que pueda conversar. Podéis responder eso, pero ¿lo haríais, si en efecto no tuvierais oídos, ni existieran hombres que os hubiesen enseñado a hablar?... esas palabras que acerca de Dios pronunciáis, ¿no las debéis al trato de los hombres con los que habéis vivido? Y si a ellos debéis las palabras, ¿no les deberéis asimismo las nociones que ellas designan? Por lo tanto, aun concediéndoos que no pueden proceder de vos mismo, de ahí no se sigue que tengan que proceder de Dios, sino sólo de algún lugar que no sois vos mismo.” Con esto pone en duda el hecho de que Descartes se haya deshecho realmente de todos sus prejuicios.

-Respuestas de Descartes a Gassendi.

Gassendi mantiene que todas las ideas son adventicias porque el espíritu puede unirlas y separarlas de forma que puede crear las ideas ficticias, como si el hecho de que mi espíritu cree una quimera por ejemplo a partir de las ideas de varios animales de los que tengo ideas adventicias, fuera también una idea adventicia y no una creación de mi intelecto.

Gassendi dice que una sustancia no puede ser percibida por la imaginación, y sólo por el entendimiento, y que por eso no se puede tener idea verdadera sobre ella, pero Descartes dice que él nada tiene que ver con los filósofos que quieren emplear la imaginación, y no el entendimiento. Además la substancia nunca puede ser concebida con arreglo a los accidentes, ni tomar de ellos su realidad, sino al contrario.


Y dice: “Cuando decís que formamos la idea de Dios a partir de lo que hemos oído y aprendido de los demás, atribuyéndole las mismas perfecciones que hemos visto que le atribuían otros, hubiese querido que nos explicarais de dónde han tomado esa idea de Dios los primeros hombres, de los cuales hemos aprendido luego. Pues si la tomaron de sí mismos, ¿por qué no podríamos hacer nosotros lo propio? Y si Dios se la ha revelado, entonces Dios existe.”


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